by Charles Cotayo
Source El Nuevo Herald
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Date May 15, 2009

''¡Yo no soy ese tipo!'', afirma Enrique Murciano.

El astro cubanoamericano que irrumpió fuertemente en Hollywood en el 2002 con Without a Trace se refiere así al personaje que considera su mejor trabajo hasta la fecha. Pero no se trata del agente especial de la FBI que interpreta en dicha serie televisiva de la cadena CBS.

''Ese tipo'', el Iñigo de la película Máncora (2009), es una combinación de mujeriego, esposo infiel e individuo maquiavélico en el peor sentido de la palabra; un personaje del que cuando no está en la pantalla anhelamos su presencia, ya que es el motor y la sazón del drama. Máncora se presentó en el Festival de Cine Internacional de Miami este año y luego estuvo por un tiempo en las pantallas del sur de la Florida. Su estreno en disco digital no tardará porque los que se la perdieron podrán descubrir una de las mejores, menos pretenciosas y más completas películas del 2009.

''No tengo esos demonios ni esos lados oscuros'', enfatiza Murciano en entrevista con El Nuevo Herald, sobre el complejo y divertido Iñigo.

''Cuando leí el guión, esos niveles no existían'', dice quien se convertiría además en uno de los productores ejecutivos de la cinta dirigida por el peruano Ricardo de Montreuil (La mujer de mi hermano, 2005) y coprotagonizada por la española Elsa Pataky y el nativo de Lima, Jason Day. '[Iñigo] era más bien el típico esposo celoso cuya mujer quizás le tenga un ojo echado a otro hombre, quizás no, y están pasando por ciertos conflictos. Gradualmente le agregué capa sobre capa al personaje hasta el punto en que me dije: `Guau, este tipo se está transformando en algo siniestro' ''.

Murciano aclara, sin embargo, que Iñigo no es siniestro al estilo de los villanos caricaturescos de los comic books que deben enfrentar superhéroes como Batman y Robin sino como aquéllos individuos que ''navegan'' por la sociedad con ese espíritu oscuro, aunque en la superficie viven sus vidas ``muy normalmente''.

''Trabajan, van a buscar a sus hijos a la escuela, y sin embargo tienen [esa característica]'', subraya.

''Es un personaje que la gente ama'', apunta Murciano, quien observó la misma conexión entre Iñigo y el público cuando el filme se presentó en el Festival de Cine de Sundance. ''¿Por qué? Es despreciable'', agrega y se ríe.

Curiosamente, aunque Iñigo es un ''villano'', su encarnación en la pantalla forma parte de una nueva tendencia que se ha estado viendo desde hace un tiempo y que culminó en una suerte de clímax con Meryl Streep en The Devil Wears Prada (2006): antagonistas que les roban las películas a los héroes ''buenos'', porque la forma en que son presentados en la pantalla --como lo que logra Murciano tan brillantemente en Máncora-- insinúa que cada persona es producto de circunstancias, muchas veces fuera de su control, que impactan en sus vidas tan profundamente que luego manifiestan sus desencantos malvadamente.

'Cada ser humano tiene su lado oscuro. Algunos no lo enfrentan, otros niegan ese aspecto de sus personalidades. Es algo que se puede manifestar, como un cáncer o una perversión. Algunos explotan. Como actor fue emocionante poder encontrar ese `mal' dentro de mí, como una herida que se sigue abriendo hasta que sangra'', asevera Murciano.

El resultado sí es la mejor actuación de uno de los orgullos de nuestro patio --Murciano nació en Miami el 13 de julio de 1973-- que cuando se trasladó a Hollywood encontró cosas que le desencantaron al punto de que por poco rehúsa a todas sus aspiraciones artísticas.

Irónicamente, compara a Iñigo con una ''costra'' producto de los golpes de la vida, los dolores que se sufren cuando se aspira a lograr una vocación y lo que se encuentra en el camino son obstáculos, puertas cerradas y espinas.

'Tuve que mantener todas esas experiencias crudas en mi mente, echándoles sal, hasta que el director grito `¡Acción!' y logramos esta actuación'', asevera.

Hay una escena en la que el personaje de Day le pregunta a Iñigo de dónde es, y éste le responde: 'Soy un `cungo': cubano y gringo'', precisa Murciano, asegurando que fue un momento de improvisación de su parte ya que ''cungo'' no existe en el Diccionario de la Real Academia Española... todavía.